Aquella canción, con ese icónico riff de guitarra de Mark Knopfler y su tono irónico sobre la fama y el éxito instantáneo, capturó la atención de oyentes de todo el mundo y se transformó en uno de los himnos más recordados de los ochenta.
Es este un viaje directo a aquellos tiempos: a los televisores de tubo que emitían los primeros videos musicales, a los amigos reunidos escuchando rock con entusiasmo casi religioso, y a la fascinación por un mundo que parecía girar al ritmo de guitarras y sintetizadores. La letra, que comenta con humor y crítica la vida de las estrellas del pop, se volvió tan icónica como la melodía misma, y su videoclip pionero en animación por computadora marcó un antes y un después en la historia de la música visual.
Más allá de su innovación técnica y su éxito en las listas —alcanzando el número 1 en el Billboard Hot 100—, Money for Nothing ha sido un punto cardinal de aquella década de contrastes: de luces de neón, sueños grandes y una música que unía generaciones. Cada acorde trae consigo memorias de radios encendidas, cintas grabadas en casetes, y la sensación de que, por un momento, todo era posible en las pistas, ¡y vaya que resonaba en la atestada confitería Samoa, de mi ciudad!...
¡Quién lo diría!: Dire Straits continúa concediéndonos una canción y, a su vez, un pedazo portentoso del espíritu ochentero, pleno de energía, nostalgia y emoción distribuida a todos y cada uno de los rincones del planeta...