Fue el primer sencillo del álbum Violator (1990), considerado uno de los discos más influyentes de la historia del rock alternativo y el synthpop.
Inspirada en el libro Elvis and Me de Priscilla Presley, Martin Gore escribió una canción que hablaba de la devoción y la dependencia emocional hacia otra persona, como si fuera una figura divina. En sus versos, la fe se mezcla con el deseo carnal, y el título mismo sugiere esa búsqueda de un "salvador íntimo", alguien a quien aferrarse en los momentos de vacío o desesperación.
Musicalmente, significó un antes y un después: su ritmo casi industrial, su atmósfera oscura y su fuerza rockera la convirtieron en un clásico instantáneo. La canción no solo consolidó a Depeche Mode como pioneros del dark pop y el rock electrónico, sino que también trascendió generaciones, siendo versionada por artistas de la talla de Johnny Cash y Marilyn Manson.
Para quienes vivieron esa época, el tema no es simplemente un éxito; es una evocación de noches largas, de la rebeldía propia de la juventud y de ese misticismo que la música de Depeche Mode supo transmitir como ninguna otra banda. Hoy, volver a escucharlo no es solo revivir un hit: es reencontrarse con ese yo del pasado, con el eco de una generación que aprendió a sentir y a creer a través de canciones que permanecen intactos en la memoria colectiva de una generación ya mayor (tan solo de edad…).