4/9/25

Last Train to London – Electric Light Orchestra (1979)


¡Lo que me vengo a acordar en este jueves!: era esta una de las canciones favoritas de mi amigo Erwin “Yerba” Badín y de unos cuantos compañeros “de la Secundaria”, en los albores de una década poblada de nuevas ondas... y vivencias.

En el tránsito luminoso entre el final de los setenta y los albores de los ochenta, la Electric Light Orchestra regaló al mundo un tema que se convirtió en uno de los latidos más reconocibles de aquella época: Last Train to London (Último Tren a Londres, en castellano).

Incluido en el álbum Discovery de 1979, pronto se instaló como un clásico indiscutible en las pistas de baile y en las radios, marcando el pulso de una generación que buscaba nuevas melodías para soñar.

Con su inconfundible fusión de pop, disco y la impronta orquestal característica de Jeff Lynne, la canción suena como un viaje vibrante, pero al mismo tiempo cargado de nostalgia que eclosionó en “los ochenta” (por ello está aquí incluida). Esa "última partida hacia Londres" opera como metáfora del amor que no quiere rendirse al paso del tiempo, de la pasión que late aun sabiendo que la noche y el tren se escapan sin regreso.

Hago clic en el video adjunto y, así, evoco aquellas noches en que la música era compañía inseparable: fantasías juveniles que parecían increíblemente posibles, ¿por qué no eternas?, y la sensación de que cada canción podía marcar un capítulo de la vida. Su ritmo contagioso invita a bailar, pero en el trasfondo late una melancolía suave, esa invocación de lo que ya no volverá y que, sin embargo, sigue brillando con la intensidad de “los días felices aquellos”.

Hoy, más de cuatro décadas después, sigue siendo un clásico entre clásicos. Y es que cada vez que revive, por lo general en emisoras que reproducen conquistas del ayer, Last Train to London nos sitúa –aunque sea por unos minutos– a esa edad dorada de los sueños amoldados en un aula de aquella ENET N° 1 de Leones, mi amada ciudad, donde los trenes nocturnos todavía llevaban consigo la esperanza de un inédito amor y la magia de un tiempo irrepetible.

Fragile – Sting (1988)


¡Disfrutemos de este jueves septembrino, amigos!...
Canciones que traen anécdotas e historias compartidas ¡tengo unas cuantas memorizadas!; sin embargo, hay algunas que nacieron para manifestar lo vulnerables que somos y, a la vez, lo profundamente humanos que podemos ser… Fragile, publicada por –el siempre intacto– Sting en 1988 dentro del álbum ...Nothing Like the Sun, es una de esas piezas eternas que se escuchan con el alma antes que con los oídos. Con apenas una guitarra acariciando las cuerdas y su voz deslizándose como un susurro dolido, la canción se transforma en un rezo íntimo contra la violencia y la fugacidad de la vida.

Desde su aparición, Fragile fue recibida como una meditación serena ante la herida abierta de la humanidad. 

Más allá del trasfondo social que la inspiró, cada oyente supo darle un sentido personal: la fragilidad de un amor que se quiebra, la certeza de la muerte que acecha, o la vulnerabilidad que acompaña a cada paso de nuestra existencia. Sting, con esa mezcla de ternura y melancolía, con palabras sentidas no hace otra cosa más que anunciarnos que lo más frágil acaba siendo lo más apreciable.

Escuchándola detendremos el tiempo por unos minutos y aceptaremos que todo lo que amamos está hecho de cristal. Quien alguna vez dejó que sus notas lo envuelvan sabe que Fragile es el abrazo silencioso, un reflejo de nuestra propia condición humana, una llamada a cuidar lo que todavía permanece en pie. 

Tal vez por todo lo antedicho sigue viva en la memoria colectiva pues habla con la sencillez de lo eterno, acaricia con la misma delicadeza con la que nos recuerda que la vida, como una ínfima gota de lluvia sobre la tierra, es perfecta pero muy breve.

Smalltown Boy – Bronski Beat (1984)

El homenaje a este viernes viene de la mano de un himno “de aquellos himnos ochentosos”… Smalltown Boy , lanzada en 1984, es una mitol...