1/9/25

Baby Can I Hold You – Tracy Chapman (1988)


Creo que la primera vez que lo escuché fue en la ya desaparecida confitería Nippur, en la esquina de Ruta 9 y Alem, en la vecina y querida ciudad de Marcos Juárez... ¡y vaya que lo disfruté mientras saboreaba un cortadito en los albores de un verano legendario!... 

Fue durante1988, cuando la década de los ochenta se acercaba a su última curva, el mundo musical se sorprendía con una voz nueva, distinta, cargada de honestidad y sencillez: la de Tracy Chapman. Dentro de su álbum debut homónimo, apareció un tema que, sin ostentación ni artificios, supo abrirse camino directo al corazón de millones: Baby Can I Hold You

Lejos del vértigo electrónico y los excesos sonoros que caracterizaban a gran parte de la música de aquellos años, esta canción se erigió como un refugio íntimo, un susurro cálido que hablaba de lo esencial: la dificultad de expresar con palabras lo que sentimos, de pronunciar “lo siento”, “te amo” o “perdóname” cuando más hace falta. 

Su cadencia acústica, sostenida en la guitarra y en la voz profunda y conmovedora de Chapman, la convirtió en una balada universal sobre la fragilidad humana en el terreno de los afectos. Esta característica pieza armoniosa alcanzó un lugar privilegiado dentro de los corazones ochenteros, pues en un tiempo de artificio visual y producción exuberante, Tracy facilitó pureza y desnudez emocional. Fue un emblema de que la música no necesita disfraces cuando brota desde la verdad. 

Décadas más tarde, Baby Can I Hold You conserva intacta su capacidad de conmover, lo cual experimento cada vez que suena en alguna radio o en los parlantes de mi automóvil. Dulces melancolías de una época que supo acunar estos plácidos ritmos y, al mismo tiempo, la vigencia de un mensaje que de ningún modo caduca: la urgencia de decir lo que sentimos antes de que sea demasiado tarde…

S.O.S. Love To The Rescue – Dee D. Jackson (1980)


Música e historia muy personal presento aquí en esta inauguración oficial de septiembre… En 1980, la cantante británica Dee D. Jackson, una de las figuras más singulares de la escena disco y electrónica de fines de los setenta, lanzaba S.O.S. (Love to the Rescue).

Escrita y producida por Gary Unwin, y editada por Jupiter Records, la canción se convirtió en una pieza representativa de aquellos años en los que los sintetizadores empezaban a teñir de neón los paisajes sonoros del pop bailable. La letra es, en esencia, una súplica: S.O.S., I’m calling love to the rescue. Una voz vulnerable que, entre metáforas marinas y corazones naufragando, pide ser rescatada de la soledad.

Esa mezcla de fragilidad emocional con un ritmo electrónico elegante y contagioso la volvió un tema inconfundible, que sonó en discotecas, radios y en incontables cintas de casete compartidas entre amigos. 

Y aquí aparece mi memoria personal: S.O.S. (Love to the Rescue) formaba parte del primer casete que mis padres me compraron, en una disquería de la ciudad de Rosario, en octubre de 1980. Recuerdo la emoción de deslizarlo en el viejo radiograbador Panasonic y escuchar ese llamado repetido, hipnótico, que parecía dirigirse no solo al amor, sino a mi propia nueva etapa vital que despertaba a pura efervescencia.

Cada nota acompañó tardes de ensueño, noches de añoranzas y esa sensación de que la música podía salvarnos, aunque fuera por un instante, de la rutina o de la tristeza.

En este lunes me retrotraigo en el tiempo y regreso a esos días en que el mundo parecía más grande y misterioso, cuando esta atrapante melodía era capaz de transformar lo ordinario en extraordinario. S.O.S. (Love to the Rescue) es, en lo que a mí respecta, el eco sonoro e intacto de un tiempo idos, de aquel remoto octubre en que un simple casete inauguró mi viaje por la música ochentera que aún late en mi corazón por siempre adolescente...

Y muy afectuosos abrazos para mis caros amigos de pibe: Marcelo Bonvillani, Mario Spiluttini, José Luis "Yiyo" Muro, Miguel Castello y Erwin “Yerba” Badín; con ellos he compartido y disfrutado aquellos increíbles acordes y los aires de adolescencia recién estrenados...

Call Me - Blondie (1980)


¡Bienvenido septiembre, amigos ochentosos! Nada mejor que empezarlo con "un flor de tema"... Cuando Blondie lanzó Call Me en 1980, entregó un himno vibrante y arrollador, y a su vez un retrato sonoro de una época que comenzaba a despedirse de la inocencia setentista para sumergirse en la modernidad eléctrica de los ochenta.

Escrita junto a Giorgio Moroder para la película American Gigolo, la canción es un puente entre el glamour desbordante y la soledad que a menudo lo acompaña. Debbie Harry, con su voz envolvente y sensual, clama “Call me” como quien lanza un grito disfrazado de invitación: un llamado urgente a no perderse en el vértigo de las luces de neón, en las noches interminables y en los amores efímeros.

La melodía, cargada de energía y sintetizadores que parecen anticipar la década entera, lleva consigo un pulso que invita a bailar, pero también deja entrever la nostalgia de un contacto que nunca llega del todo, de una llamada que puede quedar en silencio.

Hoy por hoy, escuchar Call Me es como abrir una ventana a esos primeros años ochenta, cuando todo parecía posible, pero al mismo tiempo se intuía la fragilidad de los vínculos humanos en medio del ruido urbano. Es una canción que brilla en la pista, sí, pero que, al cerrar los ojos, deja una estela de melancolía por las llamadas que nunca atendimos y las palabras que quedaron sin decirse. ¿No lo cree así?...

Smalltown Boy – Bronski Beat (1984)

El homenaje a este viernes viene de la mano de un himno “de aquellos himnos ochentosos”… Smalltown Boy , lanzada en 1984, es una mitol...