Escrita junto a Giorgio Moroder para la película American Gigolo, la canción es un puente entre el glamour desbordante y la soledad que a menudo lo acompaña.
Debbie Harry, con su voz envolvente y sensual, clama “Call me” como quien lanza un grito disfrazado de invitación: un llamado urgente a no perderse en el vértigo de las luces de neón, en las noches interminables y en los amores efímeros.
La melodía, cargada de energía y sintetizadores que parecen anticipar la década entera, lleva consigo un pulso que invita a bailar, pero también deja entrever la nostalgia de un contacto que nunca llega del todo, de una llamada que puede quedar en silencio.
Hoy por hoy, escuchar Call Me es como abrir una ventana a esos primeros años ochenta, cuando todo parecía posible, pero al mismo tiempo se intuía la fragilidad de los vínculos humanos en medio del ruido urbano. Es una canción que brilla en la pista, sí, pero que, al cerrar los ojos, deja una estela de melancolía por las llamadas que nunca atendimos y las palabras que quedaron sin decirse. ¿No lo cree así?...
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