Desde su aparición, Fragile fue recibida como una meditación serena ante la herida abierta de la humanidad.
Más allá del trasfondo social que la inspiró, cada oyente supo darle un sentido personal: la fragilidad de un amor que se quiebra, la certeza de la muerte que acecha, o la vulnerabilidad que acompaña a cada paso de nuestra existencia. Sting, con esa mezcla de ternura y melancolía, con palabras sentidas no hace otra cosa más que anunciarnos que lo más frágil acaba siendo lo más apreciable.
Escuchándola detendremos el tiempo por unos minutos y aceptaremos que todo lo que amamos está hecho de cristal. Quien alguna vez dejó que sus notas lo envuelvan sabe que Fragile es el abrazo silencioso, un reflejo de nuestra propia condición humana, una llamada a cuidar lo que todavía permanece en pie.
Tal vez por todo lo antedicho sigue viva en la memoria colectiva pues habla con la sencillez de lo eterno, acaricia con la misma delicadeza con la que nos recuerda que la vida, como una ínfima gota de lluvia sobre la tierra, es perfecta pero muy breve.