Con su bajo hipnótico, ideado por John Deacon, y la voz cargada de poder de Freddie Mercury, la banda británica logró un tema que trascendió géneros: era rock, pero también funk; era pop, pero con la crudeza del soul urbano. Lo que parecía, en un inicio, un experimento rítmico dentro de The Game, se convirtió en una explosión cultural.
La misma trepó las listas con una fuerza inusitada, sonando en discotecas, estadios y radios por igual. En sus compases se esconde esa sensación ochentera de vértigo, de calles iluminadas por neones, de pasos de baile improvisados, de juventud que buscaba vibrar a contracorriente.
Escucharla en los tiempos actuales es como… ¡abrir una cápsula del tiempo!: cada golpe de batería y cada línea del bajo devuelven la imagen de una década donde la música no temía a las fusiones y donde la rebeldía podía vestirse de elegancia.
Another One Bites the Dust ha sido, y es, un nexo entre mundos sonoros. Queen pasaba a ser una usina de innovación y emoción.
Y en ese pulso repetitivo, casi obsesivo, late aún la energía de los ochenta: esa mezcla de osadía, glamour y transgresión que sigue mordiendo el polvo del tiempo sin perder jamás su brillo.
¡Sigue cantando, Freddie!, que tu voz se prolongue hasta el fin de los tiempos…
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