La composición, firmada por Jim Steinman y Dean Pitchford, llevaba el sello teatral e intenso que caracterizaba al primero, ya conocido por sus trabajos junto a Meat Loaf. De allí ese comienzo casi épico, con sintetizadores y percusiones que parecen anunciar una batalla, y esa explosión melódica que se desata cuando la voz de Bonnie irrumpe con un reclamo desesperado: la búsqueda de un héroe en tiempos convulsos.
En su momento, la canción no solo acompañó la fiebre juvenil de Footloose, sino que encontró vida propia en las pistas de baile, en programas de televisión y en incontables compilados de la década. Fue banda sonora de aeróbicos matutinos, de rutinas de gimnasios, e incluso de competencias escolares donde los jóvenes —con ropa fluorescente y zapatillas blancas— se movían al ritmo de su épica intensidad. Generó la sensación de que, mientras sonara, cualquiera podía convertirse en ese héroe esperado.
Un detalle: ¡nadie habla de la batería increíble que suena de fondo! Es la mejor interpretación de batería que he escuchado en mi vida.
Este temazo da paso a que la nostalgia abra de nuevo las ventanas del alma. Retornan con él las tardes de asaltos entre adolescentes, los escenarios imaginarios donde la voz desgarrada de Bonnie Tyler podía transformar las emociones más íntimas en gestos universales y un fantástico entretenimiento que aún se proyecta en nuestros corazones...