La misma se convirtió en un retrato fiel de la transición social y musical de aquellos años.
Mientras el mundo se debatía entre la velocidad del cambio tecnológico y los nuevos códigos culturales, More Than This ofrecía un remanso, una pausa introspectiva que parecía susurrar que no hay más que “esto” –el instante, lo vivido, lo que sentimos en el ahora.
Con una instrumentación refinada, de atmósfera envolvente, y la voz inigualable de Bryan Ferry, que destilaba elegancia, nostalgia y un dejo de melancolía, el tema se elevó como un símbolo de la sofisticación pop de los ochenta.
No fue un éxito de masas en términos comerciales, pero sí un punto de unión entre lo popular y lo exquisito, entre la pista de baile tenue y la contemplación íntima. Su vigencia radica en que encapsula la esencia de una época que buscaba brillar, aunque supo detenerse a contemplar lo sutil.
Hasta allí me eyecto: hacia un un universo de espejos, luces bajas y emociones suspendidas. Es reencontrarse con la sensibilidad artística de Roxy Music y, sobre todo, con la capacidad de Ferry de convertir cada palabra en caricia y cada silencio en eternidad. Una canción que, sin alardes, se convirtió en mucho más que música: se volvió un estado de ánimo, un recuerdo imborrable de los ochenta.
Podría sintetizar esta semblanza afirmando que la voz de Bryan suena increíblemente genial en esta canción. ¡Qué obra maestra atemporal! Grabé esto de la radio en mi reproductor de casetes; por aquellos entonces nunca imaginé que miraría hacia atrás a esos días ¡y los extrañaría tanto!...

